ANTECEDENTES  

            Las vacunas existen desde hace ya varios siglos; sin embargo, fue hasta 1796 que el investigador inglés Edward Jenner utilizó un virus relacionado de origen vacuno, para inmunizar personas contra la viruela en forma efectiva y segura. Posteriormente, gracias a los avances de la biología celular y molecular, se desarrollaron diversas vacunas y tratamientos, como por ejemplo, la Inmunoterapia, la cual fue introducida en 1911 por F. Ramond y confirmada en 1913 por F. Ravaut y se ha utilizado ya como tratamiento contra alergias al polen y a proteínas animales, inyectando al paciente con dosis incrementales de los alergenos a los que son sensitivos. Estudios controlados por los doctores A. William Frankland, del Hospital St. Mary’s, en Londres (Inglaterra) y Francis C. Lowell de la Universidad de Harvard (E.U.A.), en los años cincuenta, demostraron que la inmunoterapia mejora notablemente la rinitis alérgica y el asma. De hecho, la inmunoterapia continua siendo más usada por alergistas que por especialistas del pulmón, para combatir dichas enfermedades.

           
Estudios que se realizaron en la década de los ‘90, sugirieron que mediante el uso de técnicas moleculares los científicos podrían localizar los componentes de los microorganismos que causan enfermedades y de ahí generar vacunas que las remedien. Estos comentarios se refieren a vacunas de uso profiláctico y se aplicarían antes del contacto con los microorganismos.

 

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